Analicemos la situación:
a) La imagen es de María Desatanudos. b) Colocaron una baranda para
evitar que se estropee la imagen por el manoseo. c) La mujer a la izquierda
está arrodillada, desobedeciendo 2° Mandamiento ("No te inclinarás
a ellas..."). d) Hay muchas velitas encendidas, en vasos especiales
(con la foto de la imagen) que representan sendos depósitos de fe
de anteriores visitantes. e) La señorita tiene en su mano una bolsita
blanca conteniendo mas de esos vasos con velas. f) La señora al fondo,
aunque no se ha arrodillado (¿aún?) también está
depositando su fe en esa "muleta espiritual" llamada imagen sagrada
(pensar que Jesús dijo: "Yo estaré con vosotros todos
los días, hasta el fin del mundo", y esta mujer tiene que pararse
frente a una pintura...) ¡¡ Perdónalas Jesús, no
saben lo que hacen...!!
Otro tema no menos
escabroso pero que no desarrollaremos aquí, es el negocio mercantilista
que se genera alrededor de la venta de todo este paganismo. El barrio de
la iglesia que obtuvo la imagen de la virgen Desatanudos (crecí en
él y lo conozco desde hace 40 años), se pobló de infinidad
de puestos callejeros (y no tanto) de venta de todo tipo de artículo
paganos: velas, estampitas, estatuitas, medallitas, etc. La guerra comercial
desatada tomó tal calibre, que hoy día se puede leer en la
propia puerta de la iglesia un cartel de 4 metros de largo que dice "ÚNICA
SANTERÍA AUTORIZADA". (sin palabras)
¡¡ Cuánto parecido con el relato de Marcos 11:15-17 !!
Sólo hay
un camino seguro y derecho para nosotros: debemos escuchar lo que Dios nos
dice en las Escrituras y orar para que nos conceda un espíritu obediente
para hacer Su voluntad. Al igual que muchos católicos, yo no sabía
que Dios se había opuesto a la veneración de las imágenes,
hasta que leí la Biblia. Hoy no me arrepiento en absoluto de haber
abandonado esas prácticas.
Como el apóstol Juan, les diría a los católicos: "...Hijitos,
guardaos de los ídolos."
(1° Juan 5:21)
"Yo Jehová,
este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria,
ni mi alabanza a esculturas."
(Isaías 42:8)